¿Alguna razón para estudiar Religión?

¿Alguna razón para estudiar Religión?

Ninfa Watt | Facultad de Educación UNIR

Un grupo de profesores y alumnos universitarios paseábamos por las calles de Salamanca, prestigiosa y antigua ciudad de raigambre académica. Admirados por su belleza, nos detuvimos ante la iglesia de San Benito, un templo gótico de finales del siglo XV y principios del XVI, construido sobre la antigua iglesia románica del siglo XII.

Frente a la portada sur, de estilo gótico flamenco, contemplábamos sobre el arco carpanel las esculturas que forman la escena de la Anunciación: la Virgen María y el ángel San Gabriel. Los muchachos, sensibles ante el arte y la armonía, se deshacían en elogios y en interés por saber. Fue un momento mágico, hasta que uno de ellos exclamó: “¿Qué belleza! ¿Qué podrá representar ese personaje alado?”.

¿Razones para estudiar Religión? Sí, claro. Para estudiar Religión… y Literatura, Música, Historia, Arte, Matemáticas, Física, Geografía, Ciencias Naturales, Lengua, Educación Física, Idiomas, Filosofía y tantas otras materias interesantes que nos ayudan a formarnos como personas y como sociedad. En este caso, daré, en pinceladas, cinco razones para estudiar Religión:

  1. La formación integral. Para procurar una formación integral, hemos de atender a todas las dimensiones de la persona. Una de ellas es la dimensión espiritual, la apertura a la trascendencia propia de todo ser humano. Ignorar esta dimensión supone mutilar algo esencial de la persona, sea creyente o no creyente, o sea cual sea su religión o forma de espiritualidad.
  2. El sentido histórico. Para vivir con sentido histórico, bien asentados en el presente y proyectados hacia el futuro, es necesario asumir los valores y acontecimientos que nos legaron nuestros mayores y que siguen hoy vigentes; darles vida de forma creativa hoy, y transmitirlos purificados a las generaciones futuras que ocuparán el planeta Tierra. La religión ha sido, a lo largo de la Historia, una fuerza configuradora de las sociedades, sin la que no se comprenden ni los movimientos sociales ni la orientación de los acontecimientos. Hay que saber para comprender, y hay que comprender para tomar decisiones acertadas que orienten a la humanidad de forma pacífica y constructiva.
  3. La cultura. Para comprender la cultura, y en concreto la cultura occidental, es indispensable contar con el cristianismo y con su fuerza configuradora. Si se suprime la herencia cristiana, su sentido, valores y manifestaciones artísticas y culturales, se destruyen las bases fundamentales en las que se apoya lo que hoy llamamos democracia, derechos humanos, dignidad de la persona y creación en múltiples facetas: literatura, música, arquitectura, pintura, escultura, política, estructura social… Sin un conocimiento, al menos básico, del cristianismo, no se comprende casi nada de la cultura occidental, independientemente de la condición religiosa, agnóstica o atea de la persona. Lo mejor de Occidente es como es por las aportaciones del cristianismo, que incorpora la herencia judeocristiana y el mundo grecolatino, junto a algunas otras influencias. Las raíces de Europa son cristianas, y a partir de Europa lo son las de la cultura occidental. Si se suprimen, se vacían de sentido. Por eso hay que conocerlas.
  4. La inserción abierta y dialogante en la sociedad. En un mundo globalizado y de creciente convivencia entre distintas culturas, hay que conocer al otro para dialogar de forma abierta y enriquecedora. Se dialoga desde lo que se es, desde la propia identidad, y se busca el encuentro intentando comprender al otro en su propia identidad. El conocimiento de la propia religión, o la ausencia de ella –ambas cosas respetables–, favorece la apertura respetuosa al otro en sus semejanzas o en sus diferencias, incluida la religión.
  5. La búsqueda de la verdad y el sentido de la vida. La madurez y felicidad de las personas está vinculada al sentido de la vida y a la búsqueda de la verdad desde la libertad interior. Fe y razón no se oponen, sino que se complementan y enriquecen, cada una desde su nivel de realidad y conocimiento. En el pensamiento católico se habla de la importancia de ‘dar razón de la propia fe’. Para ‘dar razón’ hay que saber, comprender, reflexionar… estudiar.

En definitiva, para entendernos a nosotros mismos, para comprender nuestro mundo y situarnos ante él, para, desde la libertad y la búsqueda de la verdad, dar sentido a nuestra existencia, merece la pena estudiar Religión . Por ello, desde UNIR te apoyamos con una formación que no solamente te permitirá obtener la DECA, sino también aportar valores para una educación integral. Y, de paso, saber que ‘el personaje alado’ de la portada de San Benito, en Salamanca, es San Gabriel, el ángel de la Anunciación.